Saturday , 16 December 2017
¿Que harías en caso un desastre natural?

¿Que harías en caso un desastre natural?

En una de esas tardes en que los periodistas están sumergidos en la redacción de su historia del día siguiente, la alarma irrumpió de manera estruendosa en el edificio del periódico. Los compañeros empezaron tímidamente a levantarse, y se miraban unos a otros, esperando a ver qué hacían, pero sin alejarse de sus asientos. Con más de 20 empleados en una misma área, apenas cuatro decidieron salir del edificio, mientras los demás hacían chanzas sobre ellos.

Los motivos por los que sonó la alarma no resultaron ser graves, dando la razón a la mayoría,- que se confió en que “no era nada”. Pero, ¿qué pasará cuando sea algo realmente serio y se requiera una salida rápida?

La actitud de los empleados evidencia lo poco preparada que está la población dominicana para responder ante una emergencia que amerite una movilización urgente. Así lo estima el director del Centro de Operaciones de Emergencia (COE), Juan Manuel Méndez García, quien se queja de lo mucho que falta en el país en materia de educación para el desastre.

El COE tiene elaboradas varias guías que dicen cómo actuar en caso de un tsunami, de un terremoto o de un huracán, las cuales se consiguen impresas o a través de su página web. Sin embargo, las guías son de poco alcance, tomando en cuenta que se entregan en algunas zonas vulnerables donde en determinado momento las brigadas de socorro tienen incidencia.

El poco conocimiento para el manejo de desastres se deduce, además, de las respuestas de varias personas cuestionadas sobre lo que harían si las autoridades emiten una alerta de tsunami, o si les sorprende un terremoto.

“Yo no hiciera nada, de eso nadie se salva”, comenta resignado Otoniel Rodríguez, un chofer de autobús que da servicio próximo a la Avenida del Puerto. A lo más que aspiraría este señor es a despedirse de su familia, pero cree que si fuera a llegar un maremoto no tendría el tiempo para ello. Ignora los adelantos científicos que permiten hacer alertas tempranas de tsunami.

Uno de su compañero de labores, Gilberto García, trata de orientarlo. Le explica que lo recomendable ante un aviso de tsunami es correr hacia un lugar alto, alejado del Malecón y, si tiene poco tiempo, subir a un edificio alto. Los planes de García son los de tomar un vehículo y colocarse por lo menos en el Centro Olímpico, al norte del Malecón.

En caso de un terremoto, entonces buscaría una esquina en su casa. Se refiere a lo que el director de la Defensa Civil, Luis Antonio Luna Paulino, define como el triángulo de la vida, ese espacio que se da entre la base de una pared y la pequeña distancia que se aleja de ella un techo al desplomarse. García dice que conoce del tema, porque fue bombero, y perteneció a la Defensa Civil.

Alberto, otro joven que tiene su vivienda justo al lado del Malecón, dice no estar prevenido para un terremoto o maremoto, por lo que esperaría tranquilo lo que pase. “Si es una alerta, trataría de salir. Tomaría la ruta del Parque Independencia y trataría de llegar a la avenida México, pues seguro que por ahí no deben llegar las olas”, afirmó.

El director de la Defensa Civil explica que hasta ahora, la altura máxima que puede alcanzar una ola es a unos 30 metros sobre el nivel del mar. Esto es por encima de un quinto piso de un edificio. En relación con la costa, la distancia es una milla y media, que en el caso del Distrito Nacional se conseguiría cruzando la avenida José Contreras, dirección norte, partiendo desde el Malecón. Pero el socorrista advierte que lo más recomendable es que la persona corra a pie, pues los vehículos sólo contribuirán a entorpecer una estampida.

Las profesoras Balbina Familia Suero y Minerva de la Rosa, de la escuela República de Corea, se quejan de la poca información que se ofrece al respecto. El centro educativo está ubicado en el kilómetro 18 de la avenida Las Américas, teniendo al mar como vecino más cercano.

“Si ocurre un terremoto, lo único que tenemos como refugio es una cancha. Ahí llevaríamos a los niños, y uno trata de que mantengan la calma, pero eso lo sabemos por vocación, porque las autoridades nunca han venido a este centro a decirle a uno qué hacer, a ofrecer una charla”, se queja Familia Suero.

Aunque no han analizado la posibilidad del tsunami, entiende que la mejor opción, si hay tiempo, es correr con los estudiantes hasta el Farallón de los Frailes, ubicado a un kilómetro de la escuela.

El director del COE, entiende que: “el tema de gestión de riesgo debe llevarse a las escuelas, y que sea parte del pensum escolar”. Agrega: “cuando eso ocurra, tendremos una población con más capacidad de responder a los lineamientos de los organismos de protección”. También destaca la necesidad de que a nivel público y privado, las empresas y organizaciones asuman un mayor compromiso para que en cada lugar de trabajo exista un comité de emergencias.

“En su periódico, por ejemplo, debe haber un comité de gestión de riesgo, para que cuando ocurra un evento, se sepa cuál es la ruta de evacuación del edificio, qué deben hacer y cuáles son los lugares seguros dentro de esa edificación y mantener una constante orientación a las personas que trabajan en ese lugar, que son vulnerables a movimientos telúricos, incendios y huracanes”. Recuerda que en Cuba, por ejemplo, existen esos comités.

Según el COE, en el país existe una cantidad limitada de empresas que tienen equipos y rutas de evacuación definidas, aunque Méndez celebra la iniciativa de aquellos empresarios que se acercan al organismo para pedir el entrenamiento y evaluación de sus instalaciones.

Asegura que ese organismo, lo mismo que la Defensa Civil, está dispuesto a ofrecer de manera gratuita a sus técnicos para que cualquier empresa que quiera crear su comité de emergencia, pueda hacerlo, y con ello puedan salvar vidas.

El riesgo

Tal como se destaca en la introducción del Plan Nacional de Contingencia para Terremotos, elaborado por el COE en 2009, la República Dominicana está ubicada en la parte norte de la placa tectónica del Caribe, que a su vez interactúa con la de Norteamérica. “La interacción entre ambas placas es la responsable de los principales terremotos registrados en la historia del país”.

El país tiene un historial de por los menos nueve eventos sísmicos de importancia, ocurridos desde el 1562 hasta el 1946, todos de nueve y 10 grados en la escala de Richter, con excepción del último en la lista que fue de 8.1. En el plan de contingencia se califican como fuentes sismogénicas importantes las fallas Septentrional y la Camú, pero refieren como amenazas constantes otras 14 fallas localizadas alrededor de la isla.

De hecho, un estudio oceanográfico dado a conocer en 2010, luego del terremoto que sacudió la capital de Haití, Puerto Príncipe, evidenció que frente a la costa sur del país existe una deformación activa que ha degenerado grandes deslizamientos submarinos de alta peligrosidad sísmica y de tsunami.

“La investigación ha evidenciado que se trata de una zona con deformación activa, con peligrosidad sísmica y en cierta forma de tsunami… La que encierra una mayor peligrosidad es la que se ha definido como Megasplay de los Muertos”, dice el estudio, parte del cual fue dado a conocer entonces por algunos de los técnicos investigadores.

Según las informaciones ofrecidas en ese momento, la deformación es identificable a lo largo de 260 kilómetros, y se suma a otra de menor intensidad, localizada cerca de San Pedro de Macorís.

El estudio sobre Amenazas y Riesgos Naturales en República Dominicana, elaborado por la Dirección General de Ordenamiento y Desarrollo Territorial (DGODT), estima que la vulnerabilidad del país ante fenómenos naturales “se ha incrementado notablemente, debido a diferentes factores como el crecimiento poblacional, la pobreza, la falta de resiliencia y de gobernanza, la expansión de los grandes centros urbanos y el desarrollo de proyectos de infraestructura sin las debidas medidas de seguridad”. Y agrega el documento: “Actualmente, el número de activos expuestos en las regiones que pueden ser afectadas por una amplia variedad de fenómenos naturales peligrosos es cada vez mayor”.

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