Tuesday , 27 June 2017
Por qué 361 agujas son mejores que Una

Por qué 361 agujas son mejores que Una

Las agujas convencionales pueden causar heridas.

Una de cada 10 personas tiene miedo a las agujas hipodérmicas, un instrumento médico necesario pero incómodo.

Aunque la aguja es una forma eficiente de administrar medicamentos y tomar muestras para análisis, también es una punta afilada de metal que se introduce en tu cuerpo.

Esto es un problema para muchos niños, pero especialmente para los bebés prematuros.

Los bebés prematuros tienden a estar enfermos con frecuencia y por eso se les suelen suministrar muchas medicinas. Por su vulnerabilidad, los médicos suelen sacarles también frecuentes muestras de sangre.

Lo hacen con inyecciones o insertándoles una cánula permanente, un procedimiento que resulta complicado incluso para los adultos.

“Como lengua de gato”

Muchos investigadores han intentado encontrar una solución alternativa.

Ahora, el profesor Ryan Donnelly de la Universidad de Queens, en Irlanda del Norte, y su quipo creen que han encontrado la solución. No una aguja, sino 361.

Microagujas


Las microagujas se reblandecen una vez usadas.

El instrumento tiene la apariencia de un parche pequeño de plástico de medio centímetro que se sostiene fácilmente en la yema de los dedos.

“Es un parche con 361 minúsculas agujas individuales”, explica el profesor Donnelly.

El parche es un poco áspero al tacto, como un velcro o la lengua de un gato. Pero las agujas individuales son muy duras y afiladas en la punta.

Al contrario que las agujas hipodérmicas normales, éstas solo penetran en la capa superior de la piel.

No entran en contacto con los nervios, por lo que no causan dolor.

Tampoco entran en contacto con los vasos sanguíneos.

En lugar de eso, recogen el líquido intersticial que rodea las células en la capa superior más externa de la piel.

Este fluido contiene toda la información que puede necesitar un médico.

Angustia

Es una buena noticia para los adultos, pero podría ser revolucionario para los bebés prematuros.

El doctor Aaron Brady, farmacéutico que ha entrado a formar parte del equipo de Donnelly recientemente, tiene experiencia en cuidados neonatales.

“Los neonatos y los bebés hasta los 28 días de vida tienen muy poco volumen sanguíneo, más o menos la cantidad contenida en una lata de refrescos”, explica.

“Con frecuencia hay que controlarles la sangre cuatro veces al día. Si podemos usar estas miniagujas, no hay que extraerles sangre”, continúa.

“Las agujas hipodérmicas pueden provocar cicatrices, moretones y daños al tejido”, añade el doctor Brady.

Bebé


Varios equipos en el mundo desarrollan alternativas a las tradicionales inyecciones.

Los padres son muy partidarios de aplicar esta tecnología, que es como un apósito que se pega, porque “se angustian mucho” al ver los procedimientos médicos invasivos a los que se somete a sus hijos.

La hija de Sofie Backstrom, Freja ha cumplido ahora un año, pero nació prematuramente a las 26 semanas.

“Cuando nació, le sacaban muestras de sangre casi todos los días durante los primeros tres meses”, explica Backstrom.

La niña todavía tiene cicatrices por esas inyecciones.

“Están sobre todo en la parte de atrás de sus manos y pies, pero también en sus rodillas y hombros. Sobre 20 cicatrices en cada sitio”, dice la madre.

Desde insulina a ibuprofeno

A Backstrom le hubiera gustado haber podido contar con una alternativa no dolorosa.

Donnelly y su equipo no son los únicos que desarrollan una alternativa a las inyecciones.

Varios grupos en todo el mundo trabajan en tecnologías similares, entre ellos Linda Klavinskis, inmunobióloga de la universidad King´s College, en Londres.

Las miniagujas también pueden usarse para aplicar tratamientos y Klavinslis está muy ilusionada con el potencial que tienen.

Vacunación


Los padres “se angustian” al ver los procedimientos a los que se somete a sus hijos.

“Uno de los efectos más profundos será poder aplicar vacunas con un coste reducido”, dice.

“Las microagujas son muy simples, no necesitas personal entrenado específicamente, y tampoco necesitarán la parafernalia de una vacuna convencional”, afirma.

Los compuestos se introducen en los parches de polímero y son liberados, poco a poco, en el cuerpo al entrar en contacto con el fluido intersticial.

El equipo de Donnelly ha utilizado los parches para administrar de todo, desde insulina hasta ibuprofeno.

Las microagujas también pueden acabar con la necesidad de refrigerar las vacunas.

La mayoría de las vacunas tienen que permanecer frías para ser efectivas y prevenir el crecimiento de las bacterias.

Dentro de los parches de polímero, las vacunas pueden permanecer estables y secas, incluso con temperaturas calurosas.

Hidrogel

Esto hace que las agujas sean especialmente útiles en campañas de vacunación que se llevan a cabo en áreas remotas, en las que distribuir y almacenar vacunas convencionales es un reto.

Donnely dice que “hasta el 50% de las vacunas no funcionan en el mundo desarrollado, porque han alcanzado temperaturas superiores a los 38 grados centígrados, o se han congelado”.

Si un paciente recibe una vacuna que no ha sido refrigerada convenientemente, puede ser que no funcione y se genere una infección grave, incluso mortal.

Las microagujas también son mucho más seguras que las agujas convencionales.

Jeringa


Unos 21 millones de personas se contagian cada año de hepatitis B por la reutilización de jeringa.

Cada año, alrededor de dos millones de trabajadores sanitarios se pinchan involuntariamente con agujas una vez usadas.

No es raro que se produzcan contagios de VIH o hepatitis.

Los parches estás hechos de hidrogel, un material similar al de los pañales o las lentes de contacto. Aunque son duros cuando se insertan, se reblandecen cuando se absorbe el fluido y no causan heridas.

Esto evita también que puedan ser reutilizados. La OMS estima que 21 millones de personas se contagian cada año de hepatitis B debido a la reutilización de jeringuillas.

“Incluso después de un minuto en la piel, las microagujas están tan blandas que no se pueden reinsertar”, explica Donnelly.

Las microagujas todavía están en proceso de desarrollo y deben superar rigurosos ensayos clínicos.

Donnely es optimista y cree que pronto serán algo frecuente en todo el mundo.

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