Saturday , 16 December 2017
II linea del Metro ponen en evidencia la miseria de Santo Domingo

II linea del Metro ponen en evidencia la miseria de Santo Domingo

Los focos de miseria y las precariedades en que viven miles de familias en las riberas del río Ozama se ponen al “desnudo” y contrastan con el progreso que acarreará la construcción del nuevo tramo de la línea II del Metro de Santo Domingo, donde se multiplican escenas que muy bien podrían remontarse a épocas de barbarie.

A muy poca distancia del centro de la Capital, específicamente en el área de Los Mina Viejo y Brisas del Ozama, la gente aún cuece sus alimentos con leña, tira sus excrementos al río y pernocta en casuchas con pisos de tierra y zinc, al tiempo que la alimentación y la seguridad son una “casualidad”.

Terror a crecidas

“Aquí se vive en un terror, cuando el río sube acaba con todas las casitas, ahí en ese monte se han perdido muchos niños y vivimos una muy difícil situación para conseguir el pan”, comentó Luis Alfredo Terrero, un joven de 24 años que contemplaba el panorama, donde diferentes familias demolían las casas para darle paso al Metro.

Con apenas un segundo grado de primaria, hijo de un chiripero y una doméstica desempleada, Terrero se unió con otra joven y tienen ya tres niñas, de 1, 3 y 4 años. Depende de la venta de películas pirateadas en distintas avenidas, pero afirma que actualmente logra muy pocos beneficios, porque la situación “es muy crítica”.

Al igual que él, Mayra Rita, recién parida, y su madre Mayra Henríquez que depende de la caridad, temen morir con las casuchas encima. El marido de la primera se marchó a Santiago en busca de mejor suerte.

En cada espacio hay una historia llena de desesperanzas, necesidades y temor.

Situación social

De acuerdo a datos preliminares de un levantamiento que realiza Ciudad Alternativa, sobre la situación socieconómica y medioambiental de las riberas del Ozama la pobreza en Gualey ronda el 60 por ciento y en Los Mina Viejo alcanza el 31 % y en Los Tres Brazos un 42%.

Eso equivale, según Román Batista, director de la entidad, a que las condiciones de vida de esas gentes son muy precarias, no tienen ingresos fijos. Viven en condiciones de vulnerabilidad ante huracanes, deslizamientos de tierra e inundaciones y un alto grado de hacinamiento.

“De un total de 57 mil viviendas, alrededor de 30 mil, a ambos lados, pueden ser recuperables y unas 2,500 son irrecuperables unas o están en zonas no habitables”, dijo Batista.

Agrega que el nivel de insalubridad del hábitat es muy alto por la contaminación de las aguas como consecuencia de su incorrecta canalización.

Allí la gente hace conexiones manuales de tuberías que facilitan la contaminación. Batista entiende que los desalojos de esas familias debe ser con criterios que impidan repetir ese modelo de vida.

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