Monday , 23 October 2017
¿El fin de la era del petróleo? por Jesús Rojas

¿El fin de la era del petróleo? por Jesús Rojas

Jesús Rojas

Con más de 30 años de ejercicio. Ha laborado en medios de Puerto Rico, Washington DC y en Miami, incluidas cadenas internacionales como Telemundo. Ha sido colaborador de AP. En Puerto Rico laboró para los periódicos El Vocero y El Imparcial y colaborador del diario Primera Hora. Además laboró también para la Revista Vea y Estrella, WIPR, cadena de Radio y Televisión. En Washington DC, laboró en Catholic Standard y El Pregonero.

¿Es la reciente caída libre de los precios del barril de crudo el preludio de una nueva era en el uso y disposición de los recursos energéticos del planeta y el final del monopolio que durante décadas han ejercido países enemigos de Occidente?

El pánico se ha apoderado entre aquellos que durante más de 30 años han dictado la pauta en términos de oferta y demanda y agotado hasta el máximo los beneficios por ingresos del llamado oro negro.

La voracidad del petróleo se desató en la década de los 90 cuando el expresidente norteamericano Bill Clinton eliminó las cláusulas del Congreso que prohibían especular con bienes considerados estratégicos para los Estados Unidos, cediendo a la gula financiera de Wall Street, y eliminando la reserva de oro que daba sustento y valor al dólar en los mercados internacionales.

Para tener una idea del golpe monumental de esa reducción de los precios del petróleo, sólo basta citar que por cada centavo de rebaja en el barril de petróleo la línea aérea estadounidense Delta se ahorra cada día cerca de 40 millones de dólares en combustible para sus aviones

En cuestión de semanas, los precios del barril de petróleo bajaron de casi cien dólares hasta 61 dólares al momento de escribir estas líneas, y todo parece indicar que la tendencia continuará hasta entrado el nuevo año 2015.

La situación, nunca vista antes desde la primera crisis energética de 1985 en el siglo pasado hasta el presente, ha sembrado el nerviosismo en países productores y mercaderes del petróleo como Rusia, Venezuela, México, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes y hasta Cuba, donde cuyas consecuencias pudieran ser impredecibles.

Algunos aducen que las causas pueden ser múltiples. Entre ellas una baja en la demanda por reducción de consumo en naciones desarrolladas, la saturación de los mercados, el repunte del dólar frente al oro y otros monedas fuertes, el surgimiento de tecnologías alternas y la rígida disciplina de austeridad en los consumidores mundiales debido a la camisa de fuerza impuesta por miembros radicales de la OPEP.

A ello se suma la explotación de nuevos pozos de petróleo arenoso en Estados Unidos por medio del cuestionado sistema de “fracking” o fracturación subterránea, pese a sus efectos contaminantes, y el incremento en la producción de gas que cubre el 80 por ciento de la necesidad energética nacional norteamericana.

Pero más significativo resulta que, al margen de los altos niveles de consumo de crudo en China y la India, los conflictos en el Cercano Oriente, Ucrania, Siria, Irak y Afganistán, no han tenido efectos colaterales en las transacciones bursátiles de compra y venta, por lo que los corredores y especuladores han visto muy reducido su margen de acción.

Para tener una idea del golpe monumental de esa reducción de los precios del petróleo, sólo basta citar que por cada centavo de rebaja en el barril de petróleo la línea aérea estadounidense Delta se ahorra cada día cerca de 40 millones de dólares en combustible para sus aviones, pese a que ello no se refleja de inmediato en el precio del boleto aéreo entre los viajeros.

El otro aporte positivo del fin de la supremacía del petróleo es que Occidente ha tendido un cerco a los fanáticos musulmanes del califato del Estado Islámico al retomar varias refinerías asaltadas y explotadas por ellos en las ciudades de Mosul y Kirkut, en el nordeste de Irak y cortar sus ingresos financieros.

A ello se suma la firme resistencia de combatientes kurdos en el estratégico enclave de Kobani, fronterizo con Siria. Ambas acciones de la alianza internacional dirigida por los Estados Unidos han dado como resultado el corte drástico en los ingresos de los rebeldes de un millón de dólares diarios por la venta de crudo en el mercado clandestino y del cual se beneficiaban los enemigos de Occidente.

En conclusión, los países productores de petróleo tendrán que ponerse de acuerdo una vez más para reinventar modelos de mercadeo más sensatos, a tono con nuevas realidades de orden económico mundial sujetas a las reglas naturales de la oferta, la demanda y la nueva tecnología de ahorro energético que se impone, a sabiendas de que ya finaliza el monopolio de mega intereses, la danza de los millones y el abuso de décadas con el bolsillo de los consumidores en el mundo…

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